El Péndulo de Foucault -.Umberto Eco

"-Si, atribuyes a los otros lo que estás haciendo tú, y como estás haciendo algo odioso, los otros se vuelven odiosos. Pero, como normalmente los otros querrían hacer la misma cosa odiosa que estás haciendo tú, colaboran contigo dando a entender que sí, que en realidad lo que les atribuyes es lo que ellos siempre han deseado. Dios ciega a quienes quiere perder, sólo es cuestión de ayudarle.
Una conspiración, para ser tal, debe ser secreta. Debe existir un secreto cuyo conocimiento nos liberaría de todas las frustraciones, ya sea porque ese secreto nos conduciría a la salvación, o porque el hecho de conocerlo representaría la salvación. ¿Existe un secreto tan luminoso?
Claro, con la condición de no conocerlo jamás. Una vez revelado, sólo podría decepcionarnos. ¿No me había hablado Aglie de la tensión hacia el misterio, que agitaba la época de los Antoninos? Sin embargo, acababa de llegar uno que se decía hijo de Dios, el hijo de Dios que se hace carne, y redime los pecados del mundo. ¿Era un misterio de poca monta? Y prometía la salvación a todos, bastaba con amar al prójimo. ¿Era un secreto sin importancia? Su legado era que cualquiera que supiese pronunciar las palabras justas en el momento justo podría transformar un trozo de pan y medio vaso de vino en la carne y la sangre del hijo de Dios, y hacer de ellas su alimento. ¿Era un enigma despreciable? E inducía a los padres de la Iglesia a conjeturar, y luego a declarar, que Dios era Uno y Trino, y que el Espíritu procedía del Padre y del Hijo, pero que el Hijo no procedía del Padre y del Espíritu. ¿Era una fórmula sencilla para uso de los hílicos? Y, sin embargo, esa gente que ya tenía la salvación al alcance de la mano, do it yourself, nada, no se inmutaba. ¿Esa es toda la revelación? Qué trivialidad. Y se lanzaron, histéricos, a recorrer con sus veloces proas todo el Mediterráneo en busca de otro saber perdido, un saber del que esos dogmas de treinta denarios sólo fueran el velo aparente, la parábola para los pobres de espíritu, el jeroglífico alusivo, el guiño dirigido a los Pneumáticos. ¿El misterio trinitario? Demasiado fácil, debe de ocultar alguna otra cosa.
Hubo alguien, quizá Rubinstein, que cuando le preguntaron si creía en Dios respondió: “Oh, no, yo creo... en algo mucho más grande...” Pero hubo otro (¿quizá Chesterton?) que dijo: “Desde que los hombres han dejado de creer en Dios, no es que no crean en nada, creen en todo.”
Todo no es un secreto más grande. No hay secretos más grandes, porque tan pronto como se revelan resultan pequeños. Hay un solo secreto vacío. Un secreto escurridizo. El secreto de la planta orkhis consiste en que significa y actúa sobre los testículos, pero los testículos significan un signo del zodiaco, éste una jerarquía angélica, ésta una gama musical, la gama una relación entre distintos humores, y así sucesivamente, la iniciación consiste en aprender a no detenerse jamás, se pela el universo como una cebolla, y una cebolla es toda piel, imaginémonos una cebolla infinita cuyo centro esté situado en todas partes y su circunferencia en ninguna, o tenga forma de anillo de Moebius.
El verdadero iniciado es quien sabe que el secreto más poderoso es un secreto sin contenido, porque ningún enemigo logrará hacérselo confesar, ningún fiel logrará sustraérselo."

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